Enseñar al mundo a decir que no; tú te zafaste del arresto de opinión y dejaste vencer a la utopía maldita de tus novelas, dejando la vieja Alfama por la tierra de arena y fuego sobre la que siembras tus querellas y cuentos.
En Madrid aún vivo contigo esos nueve meses que necesitó Ricardo Reis para morir, exactamente los mismos que necesitó para nacer. "Si no nos quereis, pues nos vamos" le dijiste a Europa en los 70 dejando a la peninsula a la deriva como si fuese una enorme balsa de piedra, esquivando las azores y remolcando a nuestro viejo continente hacia latinoamérica y África.
Ahora más que nunca te comprendo cuando dices que el arte es el pasaporte para estar enamorado, no tenemos derecho a estarlo si no somos sensibles ante la sonrisa y la lágrima y Pilar, bien lo sabe. Embarazaste a todas las mujeres de la península y todas se parecía a tu razón, a tu musa, a tu compañera de vida.
Tu sonrisa egíneta obstruye la sangre de los mercenarios y dota de oxígeno a aquellos que anhelan avanzar. Revives historias que jamas se contaron porque la historia siempre se cuenta desde el punto de vista de los vencedores.
Palabras como sensibilidad, honestidad, sencillez ya no son palabras abstractas pues todas tienen un rostro: el de JOSÉ SARAMAGO.
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