viernes, 15 de julio de 2011

Encuentros y desencuentros con la ilusión

La sala estaba llena de gente, dibujos de comics por todo el local: Astérix, Obélix y un camarero bajito que servía en la barra presidían la noche. Para ser una fiesta de fin de año era todo excesivamente lóbrego: trajes, corbatas y sombreros; palabras de honor y vestidos negros que, tal vez, una cantante de fado podría lucir en cualquier ocasión excepto en este momento que aquí os describo.

" Menuda excusa utilizar el paso del tiempo para emborracharse, y compararlo así a noches más grandes llenas de mérito" pensó él, mientras se sentía fumado por codos que se inclinaban vertiendo en sus maldicientes bocas pedacitos de Absenta, alabando a tan pedante ambrosía.

De repente, apareció ante sus ojos una chica vestida de rosa que corría hasta la puerta; parecía el fantasma de alguna fugitiva que, al igual que él, comprendió que aquella no era una noche digna de aplauso y huía como huyen los pájaros en Octubre. Tras esforzar su mente en recobrar su pulso para que su vaso no resbalara, decidió salir a por ella para buscar algo de comprensión en tan extraño momento.

Cogió su abrigo, abrió la puerta y allí estaba ella: era una chica bajita, muy morena, que tarareaba una balada que me sonaba pero no reconocía. Se acercó y casi tartamudeando la saludó:

"Hola, ¿me puedo sentar contigo?"

"Claro", respondió ella con tono compungido mientras se tapaba la cara con las manos en acción de cansancio o desesperación. Más tarde se dió cuenta de que lloraba.

"¿Por qué lloras?" preguntó él ofreciendole un pañuelo.

"Pues porque tengo que llorar, si fuera más tímida te diría que no lloro, pero te conozco y sé que tengo que llorar", afirmó ella convirtiendo su sinceridad en una cara absorta reflejada en el rostro de nuestro protagonista.

"¿Me conoces?"

"Por supuesto, soy la ilusión que hace que me imagines."

"¿Cómo que la ilusión que hace que te imagine?¿qué quieres decir?", preguntó de nuevo él girándose hacia ella para prestar toda la atención posible a tan psicodélico encuentro.

"Cuando un escritor se sienta delante de su máquina, yo le susurro las palabras que merece una historia bonita; cuando el músico se sienta con su violín al hombro, yo soy los silencios, las corcheas y las claves de sol que éste plasmará en su partitura; y cuando el pintor coge su paleta para dibujar lo que sólo él sabe por qué dibuja, yo entro en su cabeza para convertirme en una mujer desnuda o en un simple grito ahogado; y, cuando tu estabas ahí dentro, yo era la que te hizo salir de ese mundo de multitudes y orgullo para que siguieras a este vestido rosa hasta este mundo desierto de bancos y adoquines".

" Entonces, ¿tu no existes?" preguntó curioso él.

"No, si te refieres a que si no puedo ser vista"

"Entonces ¿por qué te estoy viendo?"

"Porque estoy enamorada de tí, porque ahora tú eres mi ilusión, ambos somos la ilusión del otro. Esa es la razón por la que lloro, porque ahora me acariciarás la espalda y ya no estaré, ya que las ilusiones nunca son eternas. Vosotros tendéis a creer algo cómo lo mejor y siempre es superado por otra cosa u otra persona."

"¿Pero por qué estás enamorada de mí?"

"Porque has permanecido callado en el éxtasis de la tradición obligada, porque has sido tú el único ser que ha hecho de la realidad y la lógica algo poco típico, porque actualmente la sensibilidad se apoya en una cuerda floja, esa cuerda floja eres tú"

"¿Y ahora?"

"Ahora desapareceré como ilusión de la ilusión que soy".

Y, al final, él acercó su mano a su espalda, pasándola de arriba a abajo y de abajo a arriba, con el pulgar moviéndose en direcciones opuestas mientras que el vestido rosa se quedaba enrollado en su brazo. Ella ya no estaba. Ahora él entraría triste de nuevo al local que abandonó persiguiendo a una guapa chica morena vestida de rosa. El vestido ya no eran más que los horribles restos materiales de la ilusión.

¡Qué desilusión

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