¿Qué era morir? Ya no me acuerdo. Yo, ferviente diablo, rey de los infiernos que toda la eternidad lleva escuchando lamentos de aquellos que perecieron en lo más negro de sus vidas. ¿Qué era morir que ya no me causa placer ni odio? Ya no hay satisfacción en mi vida como no la hubo en aquellas almas que solía recibir. Las últimas hornadas de difuntos atraviesan las llamas del infierno con una mirada tan vacía como el reino de mi celestial colega. ¿Cómo estará él por allá arriba? Siempre tuve envidia de ese viejo barbudo; tan popular y tirano al mismo tiempo. Sin embargo soy yo el criticado, el evitado, el siempre maldito ángel caído. Ahora estamos en las mismas, ¿no, barbudo? Ya no hay alegría ni tristeza en las caras de las almas afortunadas que murieron y llamaron a las puertas de nuestras casas expresando sus gracias y disculpas. Ahora todos entran mecanizados y absortos, pensando que todo aquello que han creado es superior a este asqueroso y mundano mundo, posiblemente una nueva aplicación para Android. No sé tú, pero yo me marcho.
(El saber sólo ocupa el lugar que ha dejado la religión en la conciencia de los ignorantes).
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